A sus 83 años, cuando la mayoría de las leyendas de la música prefieren descansar sobre sus laureles, Paul McCartney demuestra que su fábrica de melodías sigue intacta.

El ex-Beatle ha vuelto a sacudir las plataformas de streaming y las tiendas de vinilos con el lanzamiento de The Boys Of Dungeon Lane, su primer álbum de estudio en seis años.

Lejos de buscar un hit radial moderno, McCartney ha decidido mirar hacia atrás. Este nuevo trabajo —cuyo título evoca una calle real del barrio de Speke, en Liverpool— es un viaje nostálgico, íntimo y profundamente conmovedor a su infancia y juventud antes de que la Beatlemanía cambiara el planeta para siempre.

La voz del tiempo

La crítica internacional se ha rendido ante el disco. Medios como The Telegraph lo han calificado con 5 estrellas, asegurando que está a la altura de lo mejor de su catálogo en el último medio siglo.

Aunque algunos analistas señalan con realismo que su voz ya no tiene la flexibilidad de los años 60, coinciden en que esa ligera aspereza y madurez vocal es, precisamente, el mayor encanto de un álbum que habla sobre el peso de los recuerdos.

The Boys Of Dungeon Lane no es solo un disco más; es el testimonio vivo de un artesano de la música que, incluso en el tramo final de su viaje, sigue sabiendo cómo tocarnos el corazón.

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