El calendario no miente, pero el cuerpo mucho menos. Aunque las mañanas heladas y las bufandas ya se habían tomado las calles hace semanas, la astronomía por fin lo ha hecho oficial: el solsticio de invierno ya está aquí y, con él, la temporada de sopaipillas pasadas, guateros y maratones de series bajo tres mantas.

Este fenómeno astronómico, que comenzó este domingo 21 de junio a las 04.24 h, marca el día más corto y la noche más larga del año en nuestro hemisferio. A partir de este momento, el Sol comenzó, milímetro a milímetro, a ganarle terreno a la oscuridad. Pero no nos engañemos: el verdadero frío recién está empezando.

Un tiempo para el recogimiento

Más allá de las bajas temperaturas y los desafíos energéticos que trae esta época, el solsticio de invierno ha sido históricamente un momento de renovación. Para los pueblos originarios, como el pueblo Mapuche, esta fecha marca el We Tripantu (el año nuevo mapuche), un periodo donde la naturaleza descansa para volver a brotar con fuerza.

Así que, aunque cueste salir de la cama a las siete de la mañana a oscuras, miremos el invierno con buenos ojos. Es la estación que nos obliga a bajar el ritmo, a buscar el calor del hogar y a compartir una mesa con algo caliente.

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