El regreso a las raíces suele estar lleno de misterio, pero para Esteban Alul, ese misterio se despliega en una partitura de caminos recorridos a golpe de pedal. Molinense de nacimiento —específicamente del 20 de noviembre de 1960—, Esteban volvió recientemente a su tierra natal en el contexto de un emotivo encuentro de exalumnos de la Escuela 1. Lo que comenzó como una visita imprevista dentro de su ruta por la Región del Maule, se transformó en el reencuentro de la comuna con uno de sus hijos más singulares: un auténtico juglar moderno.

El despertar de una identidad: Entre la rebeldía y el folclor

Para entender el viaje de Esteban Alul hay que viajar a su juventud en la calle Aromo 1470. Tras terminar la enseñanza media, partió a Santiago a estudiar Análisis de Sistemas, una carrera que, como él mismo confiesa, «no tenía nada que ver conmigo». Su verdadero llamado estaba en el arte, el diseño gráfico, el cine y, por sobre todo, la música.

En el Santiago de finales de los setenta y principios de los ochenta, Esteban se empapó de la resistencia cultural. Influenciado por el movimiento hippie tardío y por la imponente herencia de figuras como Violeta Parra, Víctor Jara, Inti-Illimani y Quilapayún, comenzó a forjar su identidad. Eran tiempos difíciles, donde los instrumentos andinos como la quena o el charango, e incluso portar barba, eran vistos con sospecha por el régimen. En la clandestinidad del Mercado Persa Balmaceda, Esteban compraba los casetes que alimentaban su alma y frecuentaba «La Casa del Cantor» en la calle Teatinos, el último bastión de la peña folclórica en la capital.

Allí se curtió. Allí aprendió que la música no era solo entretención, sino un patrimonio vivo.

Europa, la música medieval y el nacimiento del juglar

El destino lo llevó primero a París, Francia, viviendo una temporada en un exclusivo barrio. Instalado en un séptimo piso, Esteban comenzó a sumergirse en la música barroca, clásica, contemporánea y medieval. Fue en el Viejo Continente donde perfeccionó su destreza multiinstrumental: hoy domina la gaita escocesa, la flauta traversa, la flauta barroca, las flautas celtas, además de las quenas y tarkas americanas.

Con esta rica mixtura cultural nació su proyecto Caravana del Sol, una propuesta de inspiración medieval que busca crear paisajes sonoros, aportando belleza y cultura a cada rincón del mundo. Esteban se transformó en un juglar, un artesano que no solo toca música, sino que también confecciona reproducciones de instrumentos medievales en cuero y fabrica arcos tradicionales.

La bicicleta: Su casa sobre dos ruedas

Si la música es su lenguaje, la bicicleta es su hogar. «La tomo como un vehículo amable, como mi casa», explica Esteban. Para él, la bicicleta es un símbolo de vida: siempre avanza hacia adelante, nunca hacia atrás.

A lo largo de los años, esa casa sobre dos ruedas lo ha llevado a recorrer gran parte de Europa Central y del Este (Hungría, Rumania, Bulgaria), Turquía y los Estados Unidos, pedaleando por la mítica Ruta 66 desde Los Ángeles hasta San Francisco y Santa Cruz.

Sin embargo, viajar de esta manera exige una profunda valentía. Alul recuerda con especial lucidez una noche en Estambul, tras cruzar la frontera desde Bulgaria. Agotado, decidió no quedarse en el hostal que tenía reservado porque el ambiente no le inspiraba confianza. Optó por acampar en un lugar apartado. Mientras dormía profundamente, le robaron su bicicleta, sus alforjas delanteras y su flauta traversa.

«Miré al cielo y dije: ¿y ahora qué viene?»

La respuesta llegó de forma milagrosa a través de la solidaridad digital. Una mujer desde Argentina se enteró de su situación y lo contactó con una comunidad sufí en Beylerbeyi, en la parte asiática de Estambul. Esteban fue acogido en una derviche sufí, donde un maestro espiritual le dijo algo que cambió su perspectiva: «Tú pagaste con tu bicicleta para estar aquí. Si no, no habrías llegado». Lo que parecía una tragedia se convirtió en un encuentro místico y en el hallazgo de las respuestas que tanto buscaba.

El aroma a hogar en la distancia

A sus 65 años, tras haber suspendido momentáneamente su viaje al norte de Chile (que contemplaba Ovalle, La Serena, Copiapó y el cruce del Desierto de Atacama) para abrazar a sus antiguos compañeros de escuela, Esteban Alul nos deja una profunda reflexión sobre la existencia:

«La vida es un viaje con muchos caminos por recorrer. Uno tiene la posibilidad de desarrollar sus sueños, no tienen que quedar postergados. No crean que un título universitario les da la libertad; a veces un trabajo por 40 años los hace esclavos. Después piensan en viajar cuando ya están viejos, enfermos o cansados, y ahí viene el arrepentimiento del ‘por qué no lo hice’. Los viajes y la aventura se hacen cuando uno está joven».

Esteban Alul sigue su ruta. Con su gaita al hombro, su flauta en el equipaje y su Caravana del Sol iluminando el horizonte, este juglar molinense nos demuestra que el verdadero destino no es un lugar en el mapa, sino la libertad de seguir pedaleando hacia el próximo paisaje sonoro.

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